MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01C9969E.5A8B2F40" Este documento es una página Web de un solo archivo, también conocido como archivo de almacenamiento Web. Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento Web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos, como Windows® Internet Explorer®. ------=_NextPart_01C9969E.5A8B2F40 Content-Location: file:///C:/50F244E1/CruceroenNuevaZelanda.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="us-ascii"
NUEVA ZELANDA UNA GRAN IDEA = (Noviembre 2002 )
= La idea de un crucero por las antípodas, surgió de for= ma espontánea a los postres de una fraternal comida, con la tripulación del You-Koun-Koun, a bordo del Agón, tras haberse suspendido la regata de San Antolín en Plencia.
= Javier, recordando su estancia en San Diego unos años atrás, con motivo de la Copa América, lanza el guante, de via= jar a Nueva Zelanda para presenciar nuevamente el desafío náutico= .
Me pareció fenomenal l=
a idea
y los siguientes días, se fueron dando pasos de concreción de
fechas, organización y precisando participantes, que tras varias
indecisiones quedaríamos en siete.
Javier y su hijo menor Asier, Yo con mi reciente pareja, Mª
Eugenia, mi inseparable amiga Amayita, siempre que sus pacientes en la
clínica se lo permiten, no deja de apuntarse a todo viaje que huela a
evento náutico y por último Mª Asun y su marido Fernando,
con quien empecé a navegar y por circunstancias de la vida nos
habíamos alejado, a quien la exótica imagen de un viaje por l=
os
mares del Sur le sedujo enseguida.
De la logística
necesaria para llevar a buen término el crucero, se ocupó en =
su
práctica totalidad Javier, desde las gestiones de alquilar el barco,
hasta los trámites para el desplazamiento hacia Nueva Zelanda.
En un par de reuniones
previas al viaje, se ultiman detalles menores de disposición, ya que
Mª Eugenia y Yo, por motivos laborales vamos a salir una jornada mas t=
arde
y el vuelo ha sido necesario modificarlo, llevándose a cabo por el E=
ste
del planeta, al contrario que los demás.
= El proyecto se convierte en una realidad para todos, cuando siendo l= os últimos en arribar nos reunimos en la base de Sunsail, que la empres= a posee en la West Haven Marina de Auckland, con el resto del equipo.
Tras el caluroso
recibimiento, todo son preparativos en el velero Oceanis 440, de nombre Ter=
re
Ferme, para la inminente partida. Los cinco adelantados ya han cumplido con=
las
formalidades del arrendamiento, reconocimiento del barco, la compra del
avituallamiento alimenticio y la disposición de las pertenencias, so=
lo
queda la ocupación y estiba de los efectos personales nuestros,
asignándonos el camarote de popa a babor.
Un postrero vistazo a =
la
carta náutica, que recoge los aledaños de Auckland, para
determinar el destino de la vespertina singladura y a continuación
largamos amarras.
- Listo en proa, l=
isto
en popa, Se oyen las primeras voces, prestos a zarpar.
Con emoción con=
tenida
en el rostro de la dotación, el Terra ferme pone proa al centro del
canal de Waitemata, salida natural del protegido puerto de Auckland.
-
Preparamos la izada de la mayor.
-
Lista la driza.
-
Aproamos, arriba mayor.
Con celeridad, Javier,=
Asier
y Yo, acostumbrados como estamos a las labores marineras disponemos el barc=
o en
condiciones de navegar a vela.
Fernando lejos de apagarse, a pesar de los muchos años sin pi=
sar
la cubierta de un velero, participa en las maniobras de salida, con la
convicción de ser nuestro más firme apoyo, afanándose =
de
recuperar la soltura de tiempos pasados.
Por el con=
trario
el ánimo de las chicas es de otra índole, despreocupadas de faenas náuticas, están totalmente receptivas=
a
disfrutar y captar la belleza del paisaje, en la intrincada red
de canales e islas del entorno, y que esta tarde no defrauda por las coloristas pinceladas del sol, reflejado en las disper=
sas
nubes.
=
Una brisa del sur, anormalmente cálida, en las
postrimerías de la primavera austral, alarga la estela del Terra Fer=
me
con buen andar, a pesar del precario equipamiento náutico del
velero, los típicos
charteristas habitualmente, no demandan demasiada maniobra.
A
babor y estribor van quedando las boyas de señalización del c=
anal
y por popa los elevados rascacielos en torno a la pequeña colina, ce=
ntro
de la denominada “ciudad de las velas”, como se califica a
Auckland, magníficamente coronada por la torre de televisión y
que poco a poco va minimizándose en la lejanía.
El
vientecillo se torna más inestable y débil, a medida que decl=
ina
la tarde. El Sol, que de vez en cuando deja verse entre los esparcidos nimb=
os
del límpido cielo, está próximo a su ocaso.
La derrota pasa por el sur de las volcánicas isla de Ranguitoto y Motut= apu. Asier a la rueda del barco, enfila la isla de Waiheke donde se fondear&aacu= te; en una protegida y acogedora cala, situada al norte, a resguardo del cambia= nte y fresco viento sureño.
Quin=
ce
millas desde la salida y con las primeras sombras de la noche, preparamos la
maniobra de largar el ancla en Oneroa Bay, el lugar es tranquilo y recogido,
solo un par de veleros han tomado la delantera, pero el lugar es amplio y s=
obra
espacio para los tres.
Con
el barco ya en buen lugar, todos vamos ubicándonos en lo que ser&aac=
ute;
la primera noche del crucero, unos preparamos la cena, otros ordenan algunos
pertrechos aún fuera de lugar y el resto simplemente aprovechan la
quietud de la placentera noche para oxigenar mente y cuerpo.
=
Amanece con=
el
cielo limpio de nubes y un cambio en la brisa, ahora lo hace de un
cálido norte, sin que se note en la quietud del fondeo, a pesar de no
estar protegido a esos vientos. El día se presenta espléndido=
.
Pronto comienza la actividad en el velero, el olor a café inv=
ade
de gustoso aroma todos los rincones y las ganas que tenemos de comenzar el
día, se hace sentir con intensidad en todos los tripulantes, ante la
perspectiva de contemplar en directo las evoluciones de los espectaculares veleros de Copa
América.
Hoy
comienza la repesca de cuatro desafiantes para dos puestos en los cuartos de
final. Las regatas se celebran en el golfo de Hauraki y hacia allí
dirigimos el Terra Ferme, por el paso existente entre las islas de Motutapu=
y
Rakino.
- ¿Qué os = parece si fondeamos en alguna de esas calas, a la espera de que aparezcan los monstruos?, les digo, ante la total ausencia de veleros en toda la extensión del golfo donde está ubicado el campo de regatas.= span>
- Si, buena idea, con el poco viento que hace, los b= arcos, aún tardarán en salir, dice Javier.
Dicho y hecho, pronto sobre la carta, elegimos una cala en la parte norte de la isla Motutapu, desde la cual, se domina todo movimiento de barc= os, en la impresionante bahía de Hauraki.
Pocos minutos más tarde y siempre navegando a motor, disponem= os la operación de fondear el ancla, a cien metros de una playita, en la que se divisa c= ierta actividad juvenil de un campamento veraniego, con actividades náutic= as de piraguas y vela ligera.
Amaya sugiere desembarcar y echar un vistazo por los aledaños= de la rada, la propuesta no se hace esperar y pronto la Zodiac semirríg= ida estibada en proa, es bajada al agu= a con ayuda de una driza a modo de grúa, se coloca el motor fuera-borda, s= alvo Mª Eugenia y Yo, que preferimos quedarnos a bordo, los demás sa= len raudos hacia la costa.
Con un corto paseo de no más de media hora ya están los excursionistas de vuelta a bordo, contándonos la visita a la colonia= de jóvenes, única cosa interesante vista en tan corta excursión.
= Cerca ya del medio día, Asier que no cesa de escudriñar con los prismáticos toda la bahía, da la voz de alarma.
- Allí se ven dos mástiles negros, dice excitado, pronto los demás confirmamos = que efectivamente son participantes y como si el Terra Ferme fuera un bajel corsario al acecho de la presa, rápidamente se realizan las labores = de poner proa a las embarcaciones.
Son = los dos barcos Stars & Stripes del ya legendario Dennis Conner, mister Copa América, como se le apoda en círculos náuticos, y que al final de la travesía le conoceremos personalmente, en su tienda de articulos náuticos. Más al fondo, los desafiantes italianos de Prada, navegando empareja= dos majestuosamente a vela.
Poco= a poco la bahía de Hauraki comienza a poblarse de embarcaciones, en su mayoría barcos a motor, prestos a seguir las regatas que se avecinan= .
En principio, nos mostramos reacios de acercarnos a los grandes veleros, porque desconocemos las reglas y las delimitaciones de los campos de regata, pero = poco a poco se comprende que por el momento no hay ninguna restricción y = los organizadores en lanchas rápidas,&n= bsp; esperan la aparición de alguna brisa para establecer los márgenes de la prueba.
Teniendo ya clara la estrategia de la estructura organizativa, nos d= amos rienda suelta a fotografiar todos los barcos que se encuentran a mano.
- = Vamos Asier, acé= rcate más a los americanos
- = Mirar, por allá = viene el Victory de los suecos
- = Aquellos son los de One= World
- = Los del Stars & Stripes están izando la mayor.
Ahora sin ningún recelo, navegamos a motor entre participantes y
espectadores, que dicho sea de = paso no son muchos, sentimos que bien ha merecido la pena un viaje tan largo hasta = las antípodas de la tierra, para estar inmersos en el espectáculo único del desafío de Copa América y que difícilmente veremos por nuestra vieja Europa.
En un momento dado, la mayoría de las embarcaciones que se encuentran en los alrededores, p= onen rumbo norte.
- Parece que ya han defi= nido el lugar de la regata, - dice Asier, dando gas al motor y siguiendo al rest= o de embarcaciones.
Unos minutos más
tarde, dos millas más al norte, cuando el Terre se acerca al lugar, =
ya
se está delimitando el campo de la regata, con boyas de color naranja que van colocando los
organizadores, para
apartados todos los barcos de los concurrentes, amen de una vigía exhaustiva y mantener dentro de los límites a= determinados intrusos, ávidos de presenciar la prueba en inmejorable posición.
Las eliminatorias de repesca para cuartos de final, enfrentan por un lado a los dos americanos One World contra Stars & Stripes y por el otro al Prada italiano contra el Tele2 Victory sueco.
Presenciadas las evoluciones de la presalida entre los americanos se pone rumbo, a toda máquina hacia la boya de barlovento, para ver el paso por la baliza y la izada de espinaker,= en los aledaños se decide esperar a la siguiente subida, victoria del O= ne Word y del Prada
Todos estamos de acuer= do que una vez vista una de las regatas no merece mucho la pena continuar, la verd= ad que nos ha decepcionado bastante la perspectiva técnica de la regata, por que desde tan lejos poco se puede apreciar y menos a ras de agua.
Decidida ya nuestra estrategia, ponemos rumbo a la cercana isla de Tiritiri Matangui y comer tranquilamente fondeados en una cala, a resguardo de la brisa, que con el p= aso de las horas ha ido en aumento.
= A bordo del Terra, relajadamente sentados en torno a la mesa de la bañera, dada ya buena cuenta de la comida, se hacen los más variados comentarios, desde las maniobras de los grandes veleros, hasta pla= nes para desembarcar por la tarde en la isla de Tiritiri Matangi.
Para sorpresa de todos, esta pequeña isla, ha sido convertida en un parque natural, dedicado a la protección y conservación de aves exóticas, propias de= los mares del sur, con una vegetación exuberante, recorrida por una red = de cuidados senderos y salvaguardada por la fundación que lleva el nomb= re de la isla.
Todos no hemos bajado = para el vespertino paseo, Javier y Mª Asun ha preferido quedarse a bordo, relajadamente disfrutando de lo que bien le apetece a cada uno.
No ha sido una atinada excursión por la is= la para el resto, debido a un pequeño malentendido con Asier, ha hecho disgregarse el grupo y= transcurrido media hora de desasosiego por encontrarlo, finalmente t= odo ha
quedado en mera anécdota.
Con la caí= ;da del cálido sol, nuevamente el velero se pone en m= archa hacia un abrigo donde pasar la noche, no sin antes oír los gritos excitados de Asier cuando al izar el ancla, sube pegado a ella un hermoso pulpo, que rápidamente al sentirse fuera del agua se desprende sin posibilidades de atraparlo para que pase a la cocina.
Una vez todo en orden y comentando el incidente con los escépticos que no han visto el bicho= , la elección por unanimidad ha sido la marina de Gulf Harbour, situada e= n el extremo Noroeste de la bahía de Hauraki. Hacia allí se pone p= roa, sobre todo las chicas están deseosas de reencontrarse con los acostumbrados aseos de tierra y a los chicos nos parece de maravilla la proximidad al campo de regatas, donde al día siguiente vamos a presenciar la segunda jornada.
La cautela prevalece a la ent= rada en este formidable puerto, donde prevalece la vela a los barcos a motor. En principio amarramos en el primer hueco que nos ha parecido bien, aquí= ; el atraque a pantalán es bien diferente a lo que estamos acostumbrados = por mares europeos, siendo necesario encajonar el barco entre dos postes, de do= nde parten dos amarras y atinar a la primera, marcha atrás, para facilit= ar el desembarco al muelle, se necesita un cierto grado de habilidad en el man= ejo del timón y el motor.
Con precisión el Terra Ferme queda sujeto a las cuatro amarras y sin pérdida de tiemp= o es necesario resolver los requisitos portuarios, la noche asoma sus primeras estrellas y no es cuestión de que capitanía nos deje sin llav= es de los aseos.
El joven Asier, &uacut= e;nico integrante de la dotación que domina con soltura el inglés, encabeza la pequeña comitiva en busca del edificio Capitanía, afortunadamente se encuentra abierta, las formalidades se resuelven con premura, solo que es necesario cambiar el barco de lugar, cosa que los chic= os realizamos con prontitud.
La cena se efectúa de inmediato en un pequeño restaurante, contiguo al puerto, en el que el amable marinero de guardia ha gestionado personalmente= con los dueños, para que esperen antes de cerrar, todo un detalle, a pes= ar de que para los navegantes de la Vieja Europa las ocho de la tarde no sea u= na hora intempestiva.
= Bien de mañana, una visita al pequeño centro comercial= de la urbanización, aledaña al Gulf Harbour, para acopiar algunas vituallas frescas y prestos a partir nuevamente al campo de competici&oacut= e;n, donde se va a disputar la segunda jornada de la repesca para cuartos de fin= al, en la cual saldrán los candidatos que se enfrenten a Oracle y Alingu= i, barcos que ayer vimos entrenando a lo lejos.
Hoy la jornada ha variado notablemente, el viento ha rolado al Sur c= on unos doce nudos de intensidad. En la bahía la expectación ha crecido para esta segunda tanda de regatas, donde son numerosas las embarcaciones que siguen las evoluciones.
El Terra Ferme hoy no lo tiene tan sencillo para que sus ocupantes contemplen con la misma facilidad, que ayer, las evoluciones de los Copa América. Es necesario maniobrar el barco constantemente para situars= e en la línea, no abordar a nadie, que otros barcos no se pongan delante = y no pasarse de la enfilación de boyas dispuestas por la organizaci&oacut= e;n, ardua tarea para un velero entre grandes y potentes embarcaciones a motor, = pero la tripulación es experta y no nos dejamos intimidar por el rugido de las máquinas.
= Las regatas calcadas a las de ayer, victorias de Prada y OneWorld so= bre Victory y Star&Stripes.
- Bueno, esto ya esta vi= sto, ¿qué os parece si nos vamos ya de crucero hacia el norte?, di= ce Javier.
Con el aplauso unánime de la tripulación sobre todo femenina, el Terra Ferme pone rumbo Nordeste hacia la isla de Great Barrier distante treinta mill= as, se despliegan las velas, se deti= ene el motor y con la placentera navegación impulsados por el viento, se disfruta del paraje natural que salvaguarda este rincón del mundo, a= pesar de que el sol ha desaparecido, cubierto por una espesa capa de nubes que incluso amenazan lluvia.
- ¡Mirad, alli, alli!, g= rita alguien, -¡ballenas!, rápidamente todos a babor.
- ¡Si!, allí se v= e un chorro, efectivamente una manada de tres o cuatro van en dirección contraria a la que navega el velero, a una distancia de media milla.=
- Por estribor se = ven más, allí a lo lejos, e incluso me ha parecido ver una aleta = como de orca, digo, - allí asoma otra vez, estoy seguro de que aquella al= eta negra es de una orca, aseguro.
Pronto los cetáceos se pierden en la lejanía y el viento se ha puesto totalmente de popa a la navegación, aumentando un poco más su fuerza. Se modifica el velamen colocándolo a orejas de burro. El Ter= ra avanza a más de siete nudos y la distancia al objetivo va acortándose con rapidez, pronto la isla de Littel Barrier quedar&aac= ute; por el través de babor a diez millas, es una pequeña isla de = gran altura, muy verde, con escarpados acantilados donde apenas existen lugares = de recalada, la Great Barrier cada vez se ve más grande.
- Yo creo que podemos entrar en Port Fit-roy por el acceso sur, digo comprobando una y otra vez la carta náutica, - es bastante estrecho, pero hay buen fondo, además nos ahorramos cuatro o cinco millas.
- = Pues allí en la = costa, solo se ven acantilados, dice Javier
- Según la carta, en aq= uel lugar está la entrada, existen un par de islitas, que indican el pas= aje, todavía quedan cinco millas y parece todo una pared.
El viento se man= tiene en unos veinte nudos siempre por la popa. En las cuatro horas que lleva soplando, ya ha levantado una marejada considerable. Se sigue controlando c= on el GPS la posición del barco en el acercamiento a tierra y el perfil= de las isletas reflejadas en la carta ya es visible a dos millas.
- = Ahí tenemos bien= clara la entrada, tras ese muro está el paso.
En las proximidades, a poco menos de una milla, los contornos orográficos s= on bien visibles, toda la tripulación, incluidas las chicas, se apresta= n a la maniobra de arriar velas, aunque se las ha advertido de que cuando se vi= re, cara al viento y a la mar, el panorama va a cambiar considerablemente por q= ue habrá bastante movimiento.
Con el motor en = marcha, se recoge primero el génova y se vira ciento ochenta grados para baj= ar la mayor, con premura se aferra ésta a la botavara. Ahora sin el apo= yo de las velas en el viento, el Terra Ferme se mueve ostensiblemente en la marejada, dando pantocazos, pero el buen hacer de los tripulantes, hace que= con rapidez se recobre el rumbo de entrada al abrigo.
Pocos minutos después, con las aguas ya calmas por la protección de los roquedales, la entrada está clara por el paso, de nombre ciertamente sugerente, <= span style=3D'mso-spacerun:yes'> Man of War Passage, con sondas de doce a cator= ce metros, salvando algún que otro escollo y de unos treinta metros en su parte más estrecha. El lugar parece irreal, es como haber abandonado el mar y= por arte de magia ser transportado= s a un paraje lacustre, todo alrededor son altas colinas, recubiertas por un manto verde de vegetación subtropical, silencio, solo roto por el run-run del motor del barco.=
Port Fit-roy es = el nombre de una pequeña población, en lo más recóndito de este puerto natural de Great Barrier, protegido por una islita que lo hace incomparablemente seguro a vientos de cualquier cuadrant= e.
En la cala princ= ipal hay fondeados una docena de barcos y para evitar agobios, elimos una secundaria, no lejos del lugar, Rarohara Bay, más solitaria y hermos= a si cabe, en la que se encuentra, según una guía turística= , la comunidad de Field Center.
Para cuando el v= elero ha quedado acomodado en el fondeo ya es noche cerrada y a nadie apetece un desembarco, sin luna que ilumine los contornos.
Mª Asun y Y= o, auto proclamados cocineros oficiales, nos aprestamos con las cacerolas, que para todos, la mar da hambre y el Terra Ferme dispone de una buena cocina e= n la que preparar sabrosos guisos.
La noche i= nvita a una velada de tertulia, tras la opípara cena, donde los más variados temas de actualidad surgen en intrascendente debate.
= Cuando despunta la mañana, todavía bajo la cubierta nu= bosa que nos acompañó ayer, aún la mayoría de la tripulación duerme, solo Asier y Yo ya estamos en actividad.<= /p>
- ¡Asier!, mira, el aparejo de los pulpos que pusiste anoche, con el borneo del barco se ha enredado en la hélice, le digo mientras intento desengancharlo asoma= do por la popa
- = ¿No sale?.-
- = No, está trabado= .-
- = Haber, déjame qu= e lo intente yo.-
Asier, se asoma por la faldilla de popa intentando desenredar el aparejo, pero el énfasis puesto le provoca un desequilibrio que hace= al muchacho precipitarse a las frías aguas de la bahía. –¡¡Chofff!! -
- ¡Ja, ja, j= a!, me río a grandes carcajadas, ante la situación hilarante provoca= da por el inesperado chapuzón matutino, del joven.
- ¡¡Pero, ay&uacut= e;dame a salir!!. Grita desde las gélidas aguas, ante mi regocijante pasivi= dad, que no paro de reír.
- Vamos sube por la escalerilla, le digo finalmente, mientras me apresto a soltarla de su amarr= e, aún sin cesar el cachondeo.
Aprovechando la situación del baño matinal, ahora es el propio Asier el que voluntariamente se zambulle para desenredar el maldito = aparejo, a la vez que los demás van saliendo de los camarotes despabilados po= r la algarabía del jocoso acontecimiento.
Una
hora más tarde todo dispuesto
para abandonar este paradisíaco rincón, no sin antes dejar inmortalizado el paso por el lugar, con imágenes en
cuyo fondo se hace des=
tacar
un hermoso bergantín–goleta&n=
bsp;
de tres mástiles, que desde ayer se encuentra fondea=
do en
la dársena.
El nuevo destino est&a= acute; previsto a cincuenta millas de distancia, rumbo Nornoroeste en la costa de la isla norte neozelande= sa, la marina de Tutukaka.
La salida de Port Fit-= roy se realiza por el paso del norte, más ancho y navegable que el del sur, aunque no menos encantadora garganta cubierta de vegetación.<= /p>
Una brisa de trav&eacu= te;s ayuda a iniciar la singladura a vela, se pide a bordo unos minutos de silen= cio, para deleitarse con el rumor cantarín del agua en la proa del Terra Ferme, son momentos únicos que muchos recordaremos con placer durante días.
A pocas millas de quedar Great Barrier por la popa, el cielo comienza a abrirse y el Sol, en principio tímido, ya calienta con intensidad, a la vez que la brisa = va desapareciendo en la misma medida, siendo preciso, para seguir avanzando, e= char mano de la mecánica.
La derrota traza= da hacia Tutukaka, es una línea recta que a dos horas de navegación, deja por est= ribor, a un par de millas, los islotes de Mokohinau, unos peñascos habitados únicamente por diferentes especies de aves marinas. Sus aguas están declaradas reserva marina.
= El Terra navega a siete nudos, en unas aguas matizadas de un coloris= ta azul turquesa, mansas por la ausencia de viento y ligeramente onduladas por= una mar de fondo residual, proveniente de la inmensidad del más grande de los Océanos, el Pacífico, que se extiende en toda su magnitud= a estribor del barco. En su superficie reposan expectantes, individuos emplum= ados de la fauna del lugar, petreles negros, alcatraces, alcas y alguna otra especie, que a bordo no acertamos a precisar. De la rica fauna acuát= ica submarina, únicamente han hecho acto de presencia un par de delfines, que no se= han interesado lo más mínimo en deleitar, con sus evoluciones, a = los entusiasmados tripulantes del velero.
Trece millas más adelante son las Marotere Islands quienes qu= edan por babor a cinco millas, dos islas principales cubiertas de vegetaci&oacut= e;n y de considerable altura, el resto, islotes descarnados, simples posaderos = de aves. A estas alturas de la navegación ya se divisa en la lejan&iacu= te;a la zona de la costa en la que se encuentra la recalada.
A bordo las horas pasan tranquilas, conversación, lectura, re= poso en cubierta aprovechando los agradables rayos solares para broncearse con precaución. De la marcha del barco, siempre a motor desde que desapareció la brisa matinal, principalmente se ocupan Fernando y As= ier turnándose al timón, ante la ausencia de un piloto automático, que en oca= siones como esta, se nota la falta en el pobre equipamiento del velero de alquiler= .
= Poco más de siete horas han pasado desde la salida, cuando nos aprestamos a la recalada, primero estudiando con detenimiento la carta náutica en la difícil entrada a este puerto de Tutukaka, jalo= nada de arrecifes en su zona sur, donde rompe con fuerza largas ondas procedentes del este y que lejos de la costa se hacen imperceptibles, pero en las proximidades, el rebote costero provoca una desagradable marejada cruzada. =
La entrada en la parte exterior no tiene una anchura mayo= r de ochenta metros, un quiebro a babor para tomar la enfilación de entra= da a la marina, navegando entre = los espumarajos producidos por las olas rompientes, es preciso mantener la atención del lugar y la sonda, que a medida se penetra en aguas más calmas, ésta desciende rápidamente hasta alcanzar = el pasillo balizado, donde con la marea a media vaciante se leen en el display sondas con solo medio= metro de agua bajo la quilla del velero.
Sin ningún contratiempo se amarra el barco a la manera neozelandesa, ya practicada y s= in demora, Asier se ocupa del trámite portuario y recabar información de los establecimientos en los alrededores del puerto.= span>
No se puede deci= r que la marina de Tutukaka sea una maravilla en cuanto a servicios se refiere, p= ues únicamente un pequeño supermercado abastece a los navegantes = de paso y un par de restaurantes pueden satisfacer las demandas gastronómicas = del lugar.
Por otro lado, e= s un buen punto de partida para expediciones submarinistas y pesqueras. Las islas Poor Knights se encuentran a doce millas al NE, declaradas parque natural, = son consideradas como una joya por sus fondos submarinos. Por tal motivo, una g= ran cantidad de embarcaciones ama= rradas en los pantalanes, son motoras dedicadas al excursionismo para submarinista= s y pescadores.
La primera labor= , una vez arranchado el barco, es pasar por la ducha, se agradece una buena limpi= eza con agua caliente, más tarde visita al supermercado, del que salimos= un poco escandalizados por los excesivos precios del monopolio de la ún= ica tienda, a pesar de ello la cesta de la compra queda repleta para otros tres días.
El paseo por los aledaños del puerto no da más de sí para una excursión pedestre, pero la buena terraza del único restauran= te del puerto sirve de pretexto para degustar la buena cerveza neozelandesa. P= or unanimidad hoy se festejará con una buena cena en el establecimiento= , mi cumpleaños.
= &nb= sp; =
= El nuevo día asoma con buen tiempo, ideal para afrontar la última etapa en la llegada al objetivo de Bay of Island.
Dejamos Tutukaka= con algo más de resaca en el cuerpo, que la encontrada fuera del puerto,= la noche ha sido un poco larga para algunos de los tripulantes, en especial Am= aya que no se levanta de su camarote hasta unas horas después de la part= ida.
Se navega rumbo N cerc= a de los acantilados, lo suficientemente separados para evitar la marejada del sudeste, que produce la mar de leva al rebotar en la costa, a pesar de ello= , la navegación no es muy cómoda con la escasa brisa del este.
En la lejan&iacu= te;a se distingue el Cabo Brett, antesala de Bay of Island, paraje en el que todas las gu&ia= cute;as coinciden las excelencias del lugar para el crucero náutico y las excursion= es.
El cabo tiene una isla, que desde la lejan&iacu= te;a se asemeja a un mulo de carga con sus alforjas para unos, un mamut para otr= os según interpreta= ciones
De impresionante belle= za pueden definirse los abruptos cantiles cerca de los que se navega.= p>
Tres, dos, una milla, = el paso efectivamente es como una puerta a otra dimensión, la marejada = ha calmado a sotavento de tierra, el paisaje del gran golfo salpicado en un enjambre de islas de todos los tamaños, desde hermosas cayos cubiertos de espesos bosques, con playas de arena blanca, a solitarios roquedales de peligrosas trampas.<= /span>
Como la tarde to=
ca a
su fin se elige sobre la carta una recoleta cala en
la que pasar la noche, Haoua Bay.&n=
bsp;
La elección no
ha podido ser mejor, desde un altozano en tierra, el pa=
norama
es espectacular, no desmerece lo más mínimo la propaganda turística que se ha recopilado. No tengo palabras=
para
describir el espectáculo de esta enorme bahía salpicada de is=
las
y en este mismo lugar decido bautizar a mi velero, recién encargado =
al
astillero, con el nombre de Bahía las Islas.
La quietud de las aguas y la ausencia de vien= to una vez que el sol se ha ocultado, invitan una vez más a la tertulia en = la bañera, tras otra opípara cena a bordo.
= Sin madrugar demasiado nos ponemos en marcha una vez más para recorrer sin prisas los recovecos de este paraíso náutico, la primera parada para largar el fondeo en la isla Hurapukupuku, en la playa Paradise Bay, su nombre la define , con la intención de darse un baño, el sol calienta en las horas centrales del día y aunque= las aguas se mantienen frescas merece la pena el chapuzón, la misma idea= han tenido las tripulaciones de otros veleros, fondeados en las proximidades. Desembarcan todos menos yo, prefiero unos momentos de soledad para sentirme relajado.
Un par de horas m&aacu= te;s tarde proseguimos el curso hacia la pequeña población de Russ= el, antaño capital de Nueva Zelanda y ahora un bonito y turístico lugar visitado por los tours operators neozelandeses y desde donde parten l= as numerosas actividades lúdicas de Bay of Island.
Se decide echar el anc=
la en
los aledaños de un muelle de madera que hace de embarcadero a los
pasajes que transitan por la bahía, el pueblo no tiene un puerto
propiamente dicho, aunque un buen numero de boyas de fondeo son ocupadas por
una veintena de embarcaciones. En última instancia alguien sugiere t=
omar
una de las boyas libres y evitarse la molestia de manejar el fondeo, dicho y
hecho, total no va a ser larga la parada, solo una visita y unas compras pa=
ra
completar la despensa. Desemb=
arcamos
toda la tripulación
Aquí nos hemos encontrado con un chilen= o que hace años pasó por este pueblo donde se estableció, si= endo ahora el propietario del mejor supermercado de la zona. Se aprovecha la bon= dad del amarre para comer tranquilamente y más tarde dirigirnos a tomar amarre en el náutico de Opua, puerto con estatus de entrada en Nueva= Zelanda, cuando se llega de otros países, generalmente allende el Pacífico.
Opua es una gran marina donde mayoría de embarcaciones son veleros venidos de lugares= muy lejanos, banderas americanas, canadienses, alemanas, británicas, australianas y un largo etc., aunque a todos ha sorprendido las enseñ= ;as españolas en tres barcos, al único que se ve con tripulación nos acercamos Fernando, Asier y Yo para saludarles, un espectacular crucero canario que lleva cuatro años dando la vuelta al mundo.
En el Terra Ferm= e nos encontramos un poco desorientados a la hora de ubicarnos en un amarre, la capitanía al ser día festivo está cerrada y no est&aac= ute; claro donde ponerse, así que tomamos amarras en el lugar que mejor n= os parece, que no son muchos los que están libres.
El pueblecito de Opua es más pequeño que Russel y su v= ida gira en torno al náutico y las embarcaciones de excursionismo diurno. Una pequeña estación ferroviaria, da término a una vía por la que se puede alcanzar Auckland, no sería malo hace= r un recorrido en tren y disfrutar de los parajes del interior, pero el calendar= io es inexorable y no podemos demorarnos mucho. Los viajeros que descienden a = cada trenecillo que llega son abundantes. Aquí también existe una = base de Sunsail.
Al día siguiente la partida es temprano, hemos decidido que n= os vamos a despedir de Opua a la francesa, esto es, sin decir una palabra y haciendo la estancia gratis.
Nuevo fondeo en otra cala no lejos de Russel, casualmente en las proximidades han colocado una boya de lo que parece ser una regata de cruce= ros, bonito lugar para seguir las evoluciones de los reconocidos regatistas neozelandeses. No se hacen esperar los primeros barcos en tomar la baliza, = es la de barlovento, por lo que tras la remontada, las izadas de spi se sucede= n no con la soltura que cabría esperar en tan afamados navegantes, pero bueno, el fondeo merece la pena para que a Javier, Asier y Yo, nos pique el gusanillo de la competición.
- Nada, esos no so= n muy buenos, cien metros y todavía no tienen el spi arriba,- comento.
- Ese otro ha caza= do la escota antes de acabar la izada, mal van a tener para subir= el spi hasta arriba.- dice Javier, - mira ya tienen problemas.- continua diciendo, muy atento a las maniobras.
- Ahí= teníamos que estar nosotros.- dice Fernando con su característico sentido del humor.
- ¿No será con este armario que llevamos?, le responde Javier
- Pues los que vie= nen detrás ni ponen spi, van de crucero dominguero, apostilla Asier.
- ¡Jo! Chicos hay gente = que se toma las cosas con más relax.- sale Amaya en defensa de los últimos regatistas, que más bien se toman la competició= ;n como un paseo.
En tanto van pasando regatistas por la boya, en el Terra no se pierde bocado del ágape preparado a bordo, el buen humor, generalmente orquestado por Fernando, que siempre tiene la palabra exacta para que todos nos desternillemos de risa, impera en el barco.
Las horas vespertinas = pasan inexorablemente y es necesario elegir un lugar donde pasar la noche. Todos = de acuerdo en acercarse hasta la marina de Kerikeri, sin más dilación se toman las correspondientes marcaciones en la carta para calcular distancia y tiempo ya que ante la ausencia de viento, navegando a motor se hacen las travesías con mas precisión horaria.
Kerikeri se encuentra = en otra de tantas rías de la Gran Bahía, más al norte. Así en los tres días que vamos a pasar por la zona, ser&aacut= e;n suficientes para hacerse una ligera idea general de los lugares a veces recónditos que se pueden encontrar en este paraíso del crucero náutico
La entrada a la marina= necesita un mínimo de atención, pues en el camino hay que sortear un par de arrecifes a fl= or de agua, siendo preciso descr= ibir una trayectoria serpenteante, aunque como todos los bajíos que entrañen algún riesgo por estos lugares, se hallan perfectame= nte señalizados.
Los postreros ra= yos solares han desaparecido tras las verdes colinas aledañas al puerto, como en otras ocasiones, elegimos el amarre que mejor nos parece.
- Vamos Asier, haz t&uac= ute; el atraque.- le digo al jovenzuelo de la tripu, dejándole sitio en el puesto de gobierno, los demás prestos con las defensas y las amarras. Minutos después el Terre se mece tranquilo entre sus correspondientes postes.
Esta marina es u= n poco atípica pues no se ve ninguna capitanía, como siempre a Asier= le toca la embajada de acercarse al edificio del club, que según nos han dicho, se encuentra un poco apartado y para cuando regresa acompañad= o de Fernando, una noche cerrada casi nos impide ver quien tenemos en frente, al menos les han facilitado la llave de las duchas, bastante cutres por cierto= .
Como ya estamos acostumbrados, el sitio no tiene el más mínimo atisbo de vida, pero como dicen las chicas “en el barco tenemos de todo y el festejo = lo montamos nosotros”. No les falta razón, habida cuenta de la fi= esta de cumpleaños que me han preparado, con tarta y velitas incluidas, m= uy tierno todo.
= Al día siguiente, un poco nostálgicos preparamos la maniobra para desatracar, en la mente de todos se perfila que las vacaciones están tocando a su fin, ya es momento de iniciar la singladura de regreso hacia el puert= o de partida, es hora de retroceder el camino, a pesar de que todavía queda atravesar todo Bay of Island,= aún se ven lugares con los que soñar. Se necesitaría un mes entero para disfrutar de cada cala, cada playa y cada rinc&oacut= e;n.
Todo es posible, lo más cercano a la felicidad es poder disfrutar de lo que se tiene en cada momento y en este nos falta lo más importante; el tiempo. Me hago la firme promesa, de que algún d&iacu= te;a he de llegar a este impresionante marco natural, con mi propio velero que no será otro que el Bahía las Islas, al que aún tengo que esperar unos meses para poner los pies sobre la cubierta y empuñar su timón
En estos días s= on muchas las lecciones que todos hemos recibido en un entorno natural, como p= ocos de los que se pueden encontrar, para los tiempos que corren. A babor y estr= ibor van quedando islas, algunas ya conocidas, otras en las que nos hubiera gustado desembarcar.
Ya no hay vuelta atrás, el barco debe estar en la base de Sunsail dentro de cuatro días y quedan ciento cincuenta millas hasta Auckland, tampoco es cuestión de arrumbar con prisas. De regreso navegaremos por parajes diferentes a la ida, dejando un día para pasarlo en Auckland.=
Pronto el cabo de Brett queda por la popa, con su islote, del que todavía no nos hemos puest= o de acuerdo a qué animal se parece, aunque unánimemente se consid= era por todos, un regalo de la naturaleza, semejante orografía.
El mejor fondeo para la primera noche es regresar a Tutukaka, sitio conocido, donde además p= oder avituallarnos, la despensa del Terre Ferme= está bajo mínimos, especialmente la bodega, la cocina = no ha parado un momento y la tripulación tampoco ha hecho un feo a lo q= ue ha ido saliendo de los fogones.
Allí nos dirigi= mos y la entrada menos complicada que la vez anterior, ha bajado bastante la mar = de fondo y a penas hay rompientes en la entrada.
= El poco viento es la constante de todos los días, a pesar de que tratam= os a vela, aprovechar las ligeras brisas costeras, es necesario el empuje mec&aa= cute;nico casi a diario. Esta va a ser la única etapa de todo el crucero que se haga por las mismas aguas, aunque en sentido contrario, no queda más remedio.
A partir de Tutu= kaka la navegación es costera, dejamos las islas Marotere por babor, infinidad de aves marinas tienen sus nidos en estos abruptos peñasco= s de difícil acceso, junto a ellas Sailroc, ahora se podrá ver bie= n de cerca ese peñón que desde la distancia se asemeja a una vela.= Sin tener que desviarse en la trayectoria, el velero pasa a escasamente cien me= tros de esa impresionante torre de roca, con unos cien metros de altura, son los restos de una prehistórica chimenea volcánica.
Parada a comer tranquilamente fondeados en Omaha una caleta de pescadores, el único lugar de los que se llevan visitados, donde se puede ver actividad pesquera comercial, el comentario es general a bordo; escasos pesqueros vistos en un= as aguas que se suponen riquísimas de vida, seguro que la depredación es menor que en aguas europeas.
La boya de amarre vacía, de alguno de los profesionales, evita las labores de fondeo d= el ancla, eso sí, atentos a dejarlo libre rápidamente si aparece= su dueño.
Primera avería,= al detener el motor se ha partido la sirga del estrangulador, ahora es necesar= io hacerlo desde el propio motor, un pequeño inconveniente que prontame= nte resolvemos.
Con las primeras horas vespertinas, una agradable brisa d= e doce nudos hace acto de presencia, elevando la moral en los tripulantes, deseoso= s de navegar únicamente impulsados por el viento. Prestos, ya bien reposa= do el almuerzo, se izan velas navegando con presteza hacia la cercana isla de Kawau, que forma una cerrada bahía, en cuyas aguas interiores vamos a pernoctar. El paso de ancho considerable, por la parte norte, está jalonado en su parte central, por un arrecife señalado en la carta y nuevamente bien destacado en la realidad, el viento por la estrechez de las colinas ha subido un poco, reflejándose en la corredera del Terra, q= ue navega airoso como es su deber de velero.
La c= ala elegida en la carta, se interna más de media milla en el interior de Kawau, no refleja ni de cerca la bondad del rincón, apacible, bien guardado, arboles por donde se mire y para completar el cuadro, boyas de am= arre para no tener que depender del ancla.
Una familia de patos hace un cumplido recibimiento en cuanto el velero se acerc= a al fondeo, se percibe a las claras, la costumbre de alimentarse con lo que se = les echa desde los barcos, esto permite disfrutar un buen rato a todos, con las evoluciones territoriales de los ánades y sus peleas por hacerse de = los mejores trozos de galleta que se les obsequia, amen de la sugerencia de inv= itar a algunos, para que pasen por la cocina, sutil broma que las chicas no capt= an en principio, provocando enérgicamente un motín a bordo, cuan= do hemos cazado un par de ellos, pero enseguida las aguas han vuelto a su cauc= e, cuando son devueltos a la manada, sin ningún signo traumático= y en escasos minutos ya se han olvidado y de nuevo nos comen de la mano.
A estribor de la entrada al = abrigo en la propia isla de Kawau, se ubica la gran mansión colonial, de la= que fuera el primer gobernador de Nueva Zelanda, en el siglo XVII y dotando al reducido territorio isleño, de animales exóticos, traí= dos de los cinco continentes, creando el primer zoológico privado, para su = propio deleite y de los cuales únicamente han sobrevivido unos pequeñ= ;os canguros llamados guallawis, los cuales, han sido vistos por el grupo, que = ha desembarcado a echar un vistazo por la isla, que sin saber de su existencia, les ha ocasionado una agradable sorpresa
Para la postrera navegación, el viento nuevamente falta a su cita, la superficie del = agua está lisa como en un estanque. Pasamos entre dos pequeños isl= otes cuyos nombres, Motuketekete y Moturekareka, son difíciles de recorda= r, coronados de pequeños bosques, cuyos arboles enraizados en la misma orilla, sirven para soñar.
Una buena parte de cad= a uno de nosotros, ha de quedar fundida para siempre con la tierra de los aborígenes maorís y de cuyo espíritu nos llevaremos un fragmento que perdurará por siempre.
Nuevamente la bah&iacu= te;a de Hauraki aparece por la proa, nada más doblar la península = de Whangaparaoa, el estupendo campo de regatas en el que los neozelandeses van a defender su preciada= Copa América, arrebatada a los americanos hace oc= ho años .Estos días son de descanso, una vez definidos los cuatro aspirantes a conseguir la Copa Louis Vuitton, lo que da d= erecho a ser el único desafiante al Team New Zeland, aunque el descanso es relativo, pronto nos cruzamos con barcos de equipos que van a entrenar y poner a punto hombres y materiales para futuros eventos.
Como ha quedado el día de margen, estaba previsto aprovecharlo para visitar los stands = de los diferentes equipos participantes. Para no volver a la base de Sunsail, tomamos un amarre en la inmensa marina de West Haven y como siempre, Asier gestiona la parte burocrática, que no es sencillo el acceso, dada la magnitud de las instalaciones.
Por la tarde visitamos= las bases de Star & Stripes en cuyo stand, como ya he comentado, se encuent= ra Denis Cooner, una leyenda viva del mundo de las regatas y en especial de la Copa América, al que saludamos y le damos nuestro pesar por haber si= do eliminado de la competición. Como todos los pabellones están = unos a continuación de otros, es sencillo visitarlos, lo que no es tan fácil, sobre todo para las chicas, decidirse en las compras de recue= rdos y regalos de tanta oferta expuesta por los diferentes sindicatos.
Los que más lla= man la atención son los de New Zeland, Alhingi, Oracle y Prada, seguramente= los más fuertes económicamente.
Con los
paquetes de las compra=
s, un
poco cansados del baile de
En Auckland todo gira en torno al evento náutico,= es la Olimpiada de la vel= a, por todos lados anuncios relativos a= la Copa, aunque aquí llueve sobre mojado, no es algo exclusiv= o de unos pocos, ya que en Nueva Zelanda la vela está considerada como deporte nacional, a la altura de los míticos Old Black en el mundo d= el rugby.
Por otra parte la polémica desatada en torno a predecesores navegantes neozelandeses, ahora engrosados en las filas de otros desafíos, ha tomado proporcio= nes de carácter nacionalista por la ciudadanía, que considera la deserción una afrenta al país y a su orgullo, cuando est&aacu= te; en juego la hegemonía mundial de la tecnología náutica.
A última hora t= oca comenzar a recoger todos los equipajes, empaquetar bolsas y maletas ordenar= los regalos y proteger lo que se pueda romper, para así, al día siguiente, tener todo listo en la devolución del barco.
= A primera abandonamos la marina para atracar una milla más al= lá en el pantalán de Sunsail, hora sacamos los bultos al pantalán para dejar todo como lo encontramos, vacío, ordenado y limpio, tanto= por fuera como por dentro, solo queda avisar a Sunsail para que hagan su inspección, ponerles en conocimiento de la rotura del cable y alguna cosilla más, de poca importancia y que devuelvan la fianza dejada en depósito a la partida.
Ningún contrati= empo, después de desayunar opíparamente en una cafetería del puerto, solo queda unas horas de espera para partir hacia el aeropuerto.
Solo que MªEugenia y Yo tenemos el regreso al día siguiente, siguien= do la misma ruta que a la llegada, por lo que disponemos de todo el día para tomar más contacto con la ciudad.
Nuevamente Asier ha gestionado la búsqueda de un hotel, nada fácil en estos días previos a las competiciones. Las despedid= as de los dos grupos son efusivas, contentos de haber estrechado, entre todos,= un poco más los lazos de amistad, durante dos semanas de convivencia en= las entrañas de un velero llamado TERRA FERME (Tierra Firme)
= &nb= sp; = &nb= sp; Epílogo
= El viaje realizado del 26 de Noviembre al 7 de Diciembre del 2002.= span>
El grupo formado por Javier, MªAsun, Fernando, Amaya y Asier, ha&n= bsp; realizado el vuelo por el Oeste con Aerolíneas Argentinas, partiendo de Madrid a Buenos Aires, con escala en la capital Argentina de d= oce horas, en la que no han faltado algunas anécdotas, para continuar de Buenos Aires a Auckland en otro vuelo de otras doce horas.
El efectuado por MªEugenia y Y= o, lo opera la compañía tailandesa Thai, muy bien atendidos y con espacio cómodo en los asientos, aunque un poco más movido, pu= es partiendo también de Madrid, con escala en Roma, de allí a Bangkok, con escala de siete horas, continuando a Sydney en Australia, para acabar en Auckland, total dos días de viaje y veinticuatro horas de vuelo.
La arribada al aeropuerto neozelandés bastante caótico por la cantidad de ge= nte llegada al mismo tiempo y lo exigentes de los aduaneros que inspeccionan ha= sta las suelas de las botas con estrías, en busca de alguna semilla ajen= a a la flora autóctona de las islas y revisando los equipajes a fondo, buscando no se sabe muy bien qué.
= &nb= sp; = &nb= sp; Nueva Zelanda, Noviembre 2002
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