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RETORNO A MARTINICA
2010/05/11
Martes
He pasado
una noche bastante mala, ha soplado bastante viento y en los borneos, el ruido
de la cadena arrastrando por el fondo rocoso, casi no me ha dejado dormir.
De amanecida
estoy saliendo de Falmouth, me despido de Antigua hasta posiblemente el año que
viene.
El día sigue
bastante cerrado, como los anteriores, con marejada y el viento de través, se
navega rápido y cómodo, al mismo ritmo que el Cap's III, que han salido un poco
antes que yo.
A medida que
ganamos sur, algún rayo de sol se deja ver entre las nubes, cosa que agradezco
Sigo
firmemente con la idea de recalar en Deshaies, una singladura de cuarenta y dos
millas me parece justo cuando no tengo ninguna prisa.
En el
fondeadero hay bastantes barcos, veo un buen hueco, largo el ancla pero como
hay bastante viento, para cuando engancha, ya he abatido a un lugar que no era
el elegido, recojo la cadena, vuelvo a posicionarme, largo y ahora ya me quedo
tranquilo.
Después de
comer recojo a la pareja y nos vamos al pueblo con intención de hacer los
papeles de entrada en Guadalupe, pero no caemos en la cuenta que es domingo y
el Pelícano solo está abierto de mañana.
Aprovechamos
para dar un paseo y que Rufino corra un poco a sus anchas, que aquí ya no es un
ilegal, como en Antigua.
Por la noche
ceno con Jose y Virgi, a modo de despedida, ellos continúan hasta Dominica y yo
me quedo en Les Saintes.
Y para mi
sorpresa, ya no hacen los papeles de entrada en el Pelícano, le han retirado la
concesión de los tramites aduaneros, ahora hay que ir hasta la oficina de
aduanas que está al otro lado del puente, así que haré la entrada en Las
Santas,
Por cierto
hoy he tenido un pequeño accidente doméstico, la junta de la hoya a presión,
que ya me venía avisando, se ha salido por el agujero de seguridad y ha
proyectado un chorro de verduras en las paredes de la cocina, la operación de
limpieza ha llevado un buen rato, pero afortunadamente, no ha pasado nada,
recambio al canto y la vieja a la basura.
Antes de que
salga el sol ya estoy levantando el fondeo, el día está despejado y una brisa
de 10 nudos de través, me lleva rumbo sur suavemente.
Se nota que
ya hemos alcanzado latitudes sin peligro de ciguatera, lo testifican las
numerosas boyas señalando aparejos de pesca, ya me había desacostumbrado a
estar siempre pendiente de la proa.
En cuatro
horas largo el ancla en el fondeadero de mis islas favoritas Las Santas, que
sorpresa, me lo encuentro prácticamente vacío, a penas una decena de barcos,
Recojo todo,
pongo las toldillas, que el sol hoy aprieta, preparo la neumática y me voy a
hacer los papeles de entrada a Guadalupe, esto es lo que menos me gusta del
Caribe, la puñetera burocracia
A primera
hora del nuevo día he de recoger el documento de aduanas y comprar un bono de
internet para toda la semana 23€, fenomenal, tendré Internet a bordo
Una mañana
aparece por el fondeadero un barco de bandera española el Nicolás III, nos
saludamos, y luego Mariano, su patrón se acerca a charlar un momento, me invita
a que pase por su barco, a tomar una cerveza, cosa que hago cuando he terminado
mis labores a bordo.
Viaja con
Manolo, como único tripulante, de retorno hacia España, todo un personaje.
Mientras
estamos de charla a bordo del Nicolás III, oigo a alguien que llama al Bahía
las Islas, una pareja desde otro barco, conocidos de Mariano y Manolo, les hacemos
señas para que se acerquen, aunque quieren ir hasta María Galante, al final se
abarloan, resulta que son una pareja del Abra, Yann y Verónica, que regatean
con el Austral y conocen de sobra al Bahía las Islas, al final los cinco, nos
quedamos a comer en el Nicolás III, únicamente que Vero, mañana tiene que coger
un avión en Guadalupe para Bilbao, e iba a llevarla Jan, primero a María
Galante y al día siguiente a Pointe A Pitre, al final, se quedan, vuelven a
fondear y miramos en Bourg si hay un ferry, pero solo lo hay a Trois Rivieres,
así que me ofrezco a llevarla con el Bahía, ya que el Shere-Khan anda con
problemillas de motor y la previsión es de poco viento.
Al principio
navegamos a vela con una brisa del Noreste, pero va menguando como habíamos
previsto y finalmente hay que ayudarse de motor, dejamos a Verónica en la
marina y vuelta a Les Saintes
Otras tres
horas y media de regreso, con una tormenta pisándonos los talones.
Mariano nos
espera a bordo, me pasa la neumática y poco después desembarcamos a dar una
vueltecilla, cenando finalmente en el Nicolás III.
Tres días
más pasamos juntos los cuatro nuevos amigos, en cualquiera de los tres barcos,
hemos congeniado de maravilla, sobre todo con Manolo, que no para de contar mil
aventuras, en sus correrías por el mundo, siempre buscando “barro” y
encontrando a veces lo que no quiere, pero al menos puede contarlo.
Yan y yo,
cada uno con su barco partimos para María Galante,
Tenemos
viento del ESE con tendencia a que role a SE, de 17 nudos, aparejo un rizo y
mantengo unas vueltas en el enrollador del foque para mantener el ritmo del
Shere-khan, pero me sorprende la velocidad en ceñida, de este viejo barco, al
final para mantener su ritmo, he de desplegar todo el foque y afinar la
navegación.
En menos de
tres horas y media arrío velas en San Luis, al W de la redonda isla de María
Galante y poco después llega Yan.
Hay boyas
para amarrarse, gratis, poco después damos una vueltecilla por el pequeño
villorrio, de casas sencillas pero todo ben cuidado, al final tomamos una
cerveza en una terraza, que aunque estamos solos nos ha parecido lo mejorcito
del pueblo al lado de la playa.
Mas tarde,
me voy en bus a Grand Bourg, a la oficina de aduanas donde hacer la salida de
Guadalupe.
Bourg es un
pueblo, un poco más grande que Saint Louis, pero con más ajetreo en sus calles
que desembocan junto al puerto comercial, en torno al que se concentra bastante
gente, a la espera de embarque en los ferrys hacia diferentes puntos de
Guadalupe, yo busco la oficina de aduanas, pero tengo que preguntar varias
veces para localizar el edificio, en una esquina del pueblo.
Finalmente
hago el trámite de salida y vuelvo a dar una vuelta por el villorrio, paso por
el puerto de nuevo, que al marchar el ferry ya ha vuelto a la tranquilidad,
allí mismo hay un mercadillo de pescadores, me acerco y compro un kilo de
pececillos, que tienen buena pinta, hay que ir acostumbrándose a esos peces
coralinos, espero que no tengan ciguatera, que Guadalupe es el límite.
Con mis
pescaditos vuelvo a tomar el bus, de vuelta a Saint Louis
Le digo a
Yan que tenemos pescadito para comer, cosa que le alegra. Me doy un baño,
limpio el casco, que ya está nuevamente invadido de escaramujo.
Me parece
que de aquí en adelante voy a pasar muchas horas bajo el agua, si no quiero
perder la batalla contra la proliferación de animalillos y plantas, con el
consiguiente freno a la navegación.
Por la tarde
damos un paseo por la larga playa, nos llaman la atención la gran cantidad de
cangrejos que corren por la arena, que al tercer intento he conseguido atrapar
uno, son bravos, rojos, de coraza recia, después de examinarlo a conciencia, lo
dejo que busque su agujero.
De regreso,
nos detenemos de nuevo en la terraza del bar que hemos tomado por base, a tomar
unos refrescos, creo que hoy hace más calor del habitual, pasa de los 32º y la
humedad es alta.
Yan me invita
a degustar un plato típico criollo, acras du muaret, una especie de buñuelos de
bacalao, que nos hemos merendado en un plis plas, están muy buenos.
El viento se
despierta cuando salgo a mar abierto, se mantiene la previsión meteorológica y
navegamos rápido pese a la corriente en contra, hacia un punto al Este de
Dominica.
A medio día
el sol cae a plomo y no estoy por la labor de timonear a la solana, así que el
piloto automático se encarga de llevar el rumbo, monto una sombrilla y solo me
ocupo de ojear la abrupta costa de barlovento martiniquesa y de entretener a
Rufino, también busca los sitios de sombra más frescos.
Por radio
hablo con Jose para darme su situación, en el fondeadero. No tardo en
localizarlos y a pesar de la saturación de barcos, largo el ancla en un hueco
junto a ellos.
Luego de
ponernos al día de nuestras respectivas aventurillas, vamos a Visitar a Pepe el
del Doria, con quien hablé por BLU, terminamos de charleta en su barco, que
anda de reparaciones, ya que en Carricou, le abordó un catamarán de charter.
A primera
hora del domingo, el Cap's parte para Santa Lucía, yo me dedico a
mantenimiento, hoy quiero coger el toro por lo cuernos e intentar dar con la
avería del GPS principal, que lleva un mes sin funcionar.
Desmonto el
cableado del instrumental y localizo un fusible flotante entre el mazo de
cables, del que desconocía su existencia, afortunadamente ahí estaba el
problema, cambio el fusible y listo, GPS funcionando de nuevo, se me quita un
gran peso de encima, me siento eufórico, poco a poco todo va volviendo a la
normalidad,
Luego me voy
a localizar el supermercado del que me han hablado mis amigos, al lado del
varadero, de maravilla porque con el mismo carro de la compra llegas hasta
donde amarras la neumática, como el domingo a la mañana está abierto, aprovecho
a comprar algunas cosas.
Por la tarde
me encuentro con Pepe, que parte mañana rumbo a Azores, nos vamos a tomar una
cerveza al chiringuito de la playa, ha sido muy interesante su conversación
porque me ha dado muchas indicaciones sobre la navegación por las Antillas
mayores, Cuba, R. Dominicana y Puerto Rico.
En Le Marín
tengo unos cuantos días de estancia, mientras espero la llegada de mi amigo
Carlos, aprovecho a llevar la vela a reparar, pedir presupuesto para el cambio
de la jarcia del Bahía, que tras tantas millas que lleva soportando esfuerzos,
estaría más tranquilo con una nueva, llevar a Rufino a un veterinario, que ya
le toca renovar sus inmunidades y hacer muchas de las cosas de la lista.
Por otro
lado, me he enterado que mis amigos del Ilusión, están fondeados en Galápagos,
Soledad en el hospital con fiebres del dengue, cogidas allí mismo.
La
sustitución de la jarcia ha llevado todo un día, los de Caribean Greement son
buenos profesionales, así lo ha atestiguado gente con la que he hablado y nada
más verlos trabajar esa es la impresión que me ha dado, no son baratos, pero
con esas cosas, tan delicadas, no me gusta escatimar.
A media
tarde, el Bahía las Islas ya tiene jarcia nueva y ha rejuvenecido unos añitos,
me he adelantado un año a ese trabajo, pero no me gusta navegar con
desconfianza.
Hasta que
llegue Carlos me espera una jornada dura, estibar los obenques que me llevo de
repuesto, la vela reparada y el avituallamiento que he ido a comprar para el
viaje hacia el sur.