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BILBAO – GIJON - LA PUEBLA
2009/01/28
Después
de casi un mes seguido con tormenta tras tormenta, en este Cantábrico nuestro,
pongo fecha para salir rumbo a Galicia al menor síntoma de mejoría, con garantía
de alcanzar el objetivo en no más de tres días
Al
final, Joakin y Enrique no se pierden acompañarme es mi primera etapa de
mi marcha definitiva a recorrer los mares y por supuesto Rufino nos acompaña.
Elegimos
las 9 de una soleada mañana a finales de Enero, donde la previsión de vientos
del sur hace que disfrutemos de la navegación, aunque como siempre, se comportan
con bastante inestabilidad en la costa cantábrica, con variaciones entre
cinco y treinta nudos.
Al
poco de dejar el Abra por la popa, sacamos un aparejo para ver si podemos
hacernos con un pescadito y poco después hemos de retirarlo ya que el señuelo
es demasiado atractivo para las gaviotas y desgraciadamente hemos pescado
una, a la que no hemos podido salvarla la vida.
Entre
el Abra y Santander hemos puesto y quitado rizos a la mayor, no menos de una
docena de veces, una navegación entretenida, cuya máxima intensidad ha estado
en las inmediaciones de la bahía santanderina, aunque a partir de Cabo Mayor,
poco a poco, el viento ha ido estabilizándose y remitiendo.
A pesar
de ello, no ha sido impedimento para utilzar la cocina, a pesar de la escora
y preparar un cocido a alubias rojas que nos han sentado de maravilla, hay
que ir acostumbradonos a cocinar en navegación.
El
macizo de picos de Europa se encuentra nevado dando un aspecto de lo más invernal,
hacemos cábalas sobre la similitud de la costa que vemos a la que nos encontraremos
dentro de unos años, cuando, si no ocurre nada anormal, naveguemos por los
canales patagónicos de América del Sur.
Tenemos
prisa de alcanzar Gijón antes de que el previsto frente del Oeste nos alcance,
por ello, no escatimamos poner en marcha el motor, cuando baja el viento y
la corredera cae por debajo de los 5 nudos.
Son
las 12 de la noche y con la población pesquera de Lastres la tenemos por el
través, cuando el viento poco a poco va rolando hacia el W, sabemos que nos
quedan dos horas, arriamos velas y a motor recorremos el último tramo, entrando
en el puerto Gijonés a las 2 de la mañana.
Atracamos
en el pantalán de transeúntes con casi 30 nudos, sin problemas en la maniobra
y preparamos una frugal cena para a continuación acostarnos.
Al
día siguiente, mis primeros tripulantes son relevados por Fermín, unos se
van y el otro llega para hacer la segunda etapa, disfrutamos de la estancia
gijonesa con los amigos del Foro Marcantabrico, en la que nunca falta unas
buenas sidras.
A las
9 de la mañana de nuevo, soltamos amarras. El viento del Este ya ha hecho
su aparición, izamos velas y ponemos rumbo a cabo Peñas, navegando al través
con un bonto viento de 15 nudos, que nos hace ganar millas con rapidez.
Pelo
los vientos en estos días están de lo más caprichosos, cuando esperamos una
navegación en popa con spinaker, nada más doblar Peñas y poner rumbo a Estaca
de Bares, el viento se ha esfumado y ha dejado paso a una incómoda llovizna,
motor y avante toda con el piloto automático al mando del Bahía.
No hay
mucho que hacer en este tipo de navegaciones, la mar se encuentra mansa y
solo la charla de dos viejos amigos entretiene las horas que discurren con
lentitud, aunque Rufino siempre atento avisando de cualquier gaviota que
se acerque al barco.
Con
la llegada de la noche, las cosas apenas han cambiado, alguna ventolina ha
hecho que detengamos el motor un par de horas, pero la tónica general es de
encalmada. En principio tenía idea de recalar en Viveiro, pero la previsión
de vientos fuertes del en desaconsejan visitar a nuestros amigos, así que
antes de media noche dejamos por babor las luces de la bonita villa lucense,
antes de doblar La Estaca, hasta Ortegal más de lo mismo, poco viento, aunque
cerca ya de Cariño la brisa vuelve a ser suficiente para detener el motor.
A Tres
de la mañana del lunes, arribamos al bonito puerto de Cedeira, la idea es
echar una cabezada fondeados, de unas tres horas en la recogida ría y salir
a las seis de la mañana, rumbo a las rías bajas, antes que la previsión de
vientos de F6 del NNE encrespe demasiado la mar, pero las previsiones en
esta ocasión han fallado estrepitosamente.
A las 5,30h suena el despertador, no ha hecho falta para despertarnos,
ya que el silbido del viento en la jarcia había sido suficiente despertador
media hora antes. Nos equipamos para una navegación previsiblemente húmeda
y enseguida ponemos el barco a son de mar en medio de un diluvio. Antes de
levantar el fondeo izamos la mayor con dos rizos, ancla arriba, tomo la caña
y enfilamos la salida de la ría, negra como boca de lobo.
Cuando las luminarias del espigón quedan atrás, me oriento por la
farola blanca del bajo Piedras de Media Mar, situada en medio de la ría,
la cual pretendo dejarla por babor. Por estribor, a duras penas, en medio
de la cortina de agua, se vislumbra la luz roja de la punta del castillo
, en ese momento, el ventarrón encañonado por la estrecha bocana nos pega
una tumbada, no veo nada, solo las lenguas de las olas que vienen de frente,
pero oigo el fragor del viento y la marejada rompiendo muy cerca en los roquedales.
Es como navegar a ciegas, y en la noche cerrada es muy facil desorientarse,
en ese momento en mi cerebro suena la señal de alarma, ¡peligro!, no dudo
un instante, grito a mi tripulante, que al igual que yo, escruta en la negrura
cualquier señal, ¡¡Volvemos!! Meto caña a estribor y en dos segundos el Bahía
gira sobre si mismo poniendo popa a mar y viento.
Recorremos el mismo trecho de salida y dejo caer de nuevo el ancla,
más o menos en el mismo lugar que ocupábamos anteriormente.
Fermin me agradece la decisión tomada, comentamos el riesgo innecesario
que hubieramos corrido de haber salido y decidimos esperar hasta que se haga
de día. Vuelta a la cama hora y media
Son las nueve de la mañana cuando de nuevo aparejamos el barco, sigue
sin parar de llover y el viento no ha remitido lo más mínimo. Con luz ya es
otra cosa, volvemos a enfilar la salida por el mismo sitio, ahora las olas
han crecido y el viento sigue siendo muy fuerte, no tengo anemómetro, porque
el huracán de la semana pasada se lo ha llevado, pero mi experiencia me dice
que sopla a no menos de 35 nudos.
Empujados por el motor salimos por la boca rumbo norte, dejando un
buen margen a los bajos que jalonan la punta Chirlateira por babor, donde
la marejada rompe con estrépito. Cuando considero haber dado seguridad suficiente,
abro rumbo al 270º para librar los bajos Delgados, situados a 4 millas, donde
previsiblemente con esta mar formada de olas de 4 o 5 metros, haya rompientes.
Desenrollamos el foque autovirante con precaución, para dejarlo en
la mitad de su superficie. Se me hace dificil mantener el rumbo con el viento
y la mar casi por el través, siendo inevitables varias orzadas, con las consiguientes
tumbadas cuando un par de olas nos han cogido atravesados, pero nada preocupante,
el Bahía se adriza rápidamente, sin más contratiempos que en la cabina algunas
cosas han salido volando.
Una hora después de la salida, vemos entre la bruma, por babor, cabo
Prior, ahora ya estamos en aguas libres y arrumbamos un poco más al Sur al
245º, agradezco el nuevo rumbo, porque ahora el viento y la mar los cojo más
de aleta, aunque pronto empezamos a percibir que las olas siguen creciendo.
Yo me concentro en negociarlas y el Bahía sin dificultades las corre
como alma que lleva el diablo, veo puntas en la corredera de hasta 14 nudos,
El viento se mantiene aunque algunas rachas andarán próximas a la cuarentena
de nudos.
Empiezan a preocuparme las olas que llegan del NW, ya que están incidiendo
sobre las que llevamos del N y están formando una mar caótica que no me gusta
nada, por que se hace dificil gobernar entre ella.
En varias ocasiones arribo cuando siento que una ola nos alcanza
y nada más pasar, inmediatamente, veo venir otra por el través, la negocio,
pero en varias ocasiones no puedo evitar que su acometida arrastre la popa
y se me vaya el barco de orzada, poco antes a la llegada de la próxima del
tren del norte, afortunadamente hay pocas rompientes.
Esta mar la encuentro un tanto extraña, el viento no es excesivo,
he navegado varias veces con más fuerza, pero ese tipo de ola, más bien mediterránea
por lo encrespada y el corto periodo, se hace dificil de navegar, empeorando
la situación la ola cruzada que provoca un hervidero de mar muy confusa y
el ruido es ensordecedor, hemos de hablar casi a gritos.
Fermín me avisa de la llegada de olas particularmente grandes, una
de ellas rompe justo en la popa, momento que el Bahía entra en surf, como
si se tratara de un Open 60, dos altos bigotes en las amuras me indican que
vamos desbocados, un vistazo rápido a la corredera sin perder la concentración
y alucino al ver ¡¡17 nudos!!
Cuando tenemos, más o menos, Coruña por el través, vemos aparecer
entre las olas, a rumbo opuesto, un guardacostas de la Armada, se acercan
aunque sin establecer comunicación, es impresionante como cabecea y hunde
la proa remontando la mar, lo mismo deben de pensar ellos, donde van esos
locos con un velerito, saludo con la mano pero no tengo respuesta.
Fermín de vez en cuando echa un vistazo a la pantalla del GPS y con
satisfacción me confirma que el rumbo es correcto hacia el waypoint de las
islas Sisargas. De vez en cuando me llegan al movil, mensages de amigos del
foro náutico, que nos están viendo en el mapa del AIS, de internet, navegando
a 12 nudos
Como
nosotros, algunos calderones surfean las olas y da gusto ver a los alcatraces
sortear con elegancia por entre ellas.
Mi tripulante que ha pasado por un mal momento, me confiesa que es
la primera vez que se marea en 15 años, e intenta mantener de vez en cuando
la conversación para no prolongar demasiado los silencios y distraerse, pero
apenas le contesto con monosílabos, intento mantener la concentración gobernando
el Bahía a cada ola de cualquier dirección, suerte de tener una timonería
tan suave que a penas he de realizar el mínimo esfuerzo, aunque en ocasiones
siento una presión en la pala desacostumbrada.
Son las 13h y ya vemos a menos de 5 millas la silueta de las islas
Sisargas, 42 millas recorridas a una media superior a 10 nudos, hoy es el
día de los records para el Bahía las Islas.
A poco más de media milla nos cruza la popa un remolcador de altura
que escolta a un pequeño mercante, posiblemente en dificultades, camino de
Coruña. Nosotros nos movemos, pero dentro de uno de esos, tampoco tiene pinta
de poderse comer sentados a la mesa.
Nada más revasar las Sisargas, apuntamos al waypoint de cabo Villano
a 20 millas, el viento ha bajado a poco más de 25 nudos, pero la mar sigue
caótica e irregular.
Cerca ya de Camariñas cuando el oleaje ya se ha serenado bastante,
Jose Fermín echa arrestos para bajar a la cabina y preparar algo que llevarnos
a la boca, aunque yo le pido agua, más de seis horas timoneando al ciento
por ciento me acabo de percatar que tengo la garganta reseca, aunque casi
no ha parado de caernos agua encima,
Ya un poco más relajados, considero que la cosa ya está gobernable,
pido que me tome el relevo, al principio le cuesta cogerle el tino, el Bahía
en popa se muestra muy vivo y hay que estar muy acostumbrado a él para ser
capaces de llevar un rumbo sin excesivas guiñadas, Jose Fermin es un buen
navegante y no tarda en hacerse con el rumbo, yo me tumbo un rato y sin enterarme
he dormido una hora.
La mejoría al traves de Touriñan es manifiesta viento y mar siguen
bajando, quito un rizo y desenrollo todo el foque. Todavía comento, que a
este paso acabaremos navegando a motor. Dicho y hecho cerca ya del islote
de O Centolo en Finisterre, arranco el Volvo, más por recargar las baterías,
que por navegar más rápido, el sol que en algún momento hemos visto, acaba
de ponerse y grandes claros dejan ver las primeras estrellas.
Nuevo waypoint a los bajos de Corrubedo, 25 millas con viento por el través,
que ha vuelto a subir al tener la costa de Carnota más alejada. Los faros
de Corrubedo primero y el de Sálvora un poco más tarde ya los tengo controlados,
la meta está cerca y aunque no nos sentimos cansados, tenemos ganas de relajarnos.
La linterna del faro de Corrubedo al cambiar de blanca a roja, nos
indica que tenemos por babor los peligrosos bajos de Corrubedo, piedras en
la superficie con nombres como; Las Praguiñas, Las Baleas, Los Cobos, distantes
casi tres millas de la costa y para los que siempre tendré un recordatorio
de aquella noche de 1992 donde casi naufragamos con el Praia, eran otros tiempos.
Nuevo rumbo un poco más cerrado, ahora al faro de Salvora, podríamos
ir por el paso del Carreiro para evitarnos unas millas, pero como dice mi
buen amigo Manuel: Angel, no corras riesgos. Le hago caso y tomamos Sálvora
por el sur, no hay ninguna prisa, dandola un buen margen, pues los bajos de
las Touzas a casi media milla de la isla, son de temer.
Según la vamos bordeando, el viento lo tomamos por la proa, motor
en marcha de nuevo, recogemos foque y a remontar la ría con el piloto gobernando.
La anecdota de la noche, ha sido que desde muy atras, una patrullera
de aduanas nos viene siguiendo, como después nos han contado, sospechoso un
velero navegando en estos días y a estas horas de la madrugada, así que cuando
estamos en las aguas calmas, ría arriba, cerca del la isla Rua allá que nos
vienen dispuestos a abordarnos. A viva voz, me piden que mantenga velocidad
y rumbo, para con una rápida y precisa maniobra de su patrón, se acercan
y dos agentes suben con limpieza abordo, con suma amabilidad preguntan por
nuestra inusual navegación invernal, les presento la documentación y una
aclaración de nuestras intenciones de arribar al náutico de Caramiñal.
Todo en orden, un informe de control, un apreton de manos y se van
como han venido.
A las 2 de la mañana llamo al náutico y el marinero de guardia ya
nos espera para darnos las amarras, felices y contentos de estar ya en casa
y dormir a pierna suelta.
A Pobra do Caramiñal, Febrero de 2009